Una muestra de ello es Abraham Durazo Moreno, 26 años, granadeño criado al pie de ese cerro emblemático, y que hoy forma parte del equipo técnico de Carín León, uno de los intérpretes más cotizados del regional mexicano, género musical que está alcanzando cada vez más popularidad en el mundo.

Abraham estudió en el CECyTES de Granados y, como cientos de jóvenes originarios de los pueblos sonorenses, se enfrentó a la decisión de quedarse o salir del pueblo para continuar estudiando y prepararse para algo más grande.

Abraham decidió salir de Granados y, tras "coquetear" primero con la carrera de Mecatrónica, se decidió por la de Producción y Programación Musical y la cursó a lo largo de cuatro años en la Universidad de Hermosillo.

Terminó su carrera y salió a probar suerte en el mercado laboral de la capital sonorense. Pasó un año con trabajos diversos en producción de audio y manejo de sonido en eventos, aprendiendo los códigos de una industria exigente.

Ese año de trabajo en Hermosillo fue un verdadero laboratorio que lo relacionó con el medio en la ciudad. Fue entonces cuando en mayo de 2025 recibió una invitación para integrarse al equipo técnico del cantante sonorense Carín León.

Poco después estaba abordando un avión rumbo a Sudamérica. Para un joven que apenas comenzaba su carrera profesional, el salto fue vertiginoso.

De los escenarios locales pasó a formar parte de una producción internacional. De los eventos regionales a los grandes recintos de América Latina. De Granados al mundo.

Durante el último año Abraham, hijo de Alfonso y María, ha acompañado a Carín León en sus giras internacionales, trabajando en una de las áreas más críticas de cualquier espectáculo: el sonido.

Abraham nos cuenta su historia sentado en una de las butacas de la sección 106 del American Airlines Center de Dallas, hora y media antes de que inicie la presentación de Carín en esta ciudad, su quinta parada, tras haber iniciado su gira De Sonora Para el Mundo que lo llevará a recorrer Estados Unidos a lo largo de los próximos cinco meses con más de 35 conciertos programados.

La gira presenta un espectáculo de gran formato con una escenografía inspirada en Sonora y un repertorio de más de 30 canciones, y llevará a Carín a escenarios como The Sphere de Las Vegas y el Metro Goldwyn Mayer de Nueva York.

Carín León abre su show con imágenes en sepia del desierto sonorense, de la Catedral y la Plaza Zaragoza de Hermosillo, del Cerro de la Campana. Sonora entera proyectada como telón de fondo ante miles de espectadores en múltiples escenarios de Estados Unidos.

El cantante hermosillense está haciendo más por dar a conocer su tierra que ninguna campaña de la Secretaría de Turismo estatal ha logrado. Lo está haciendo desde el título mismo de su gira: De Sonora Para el Mundo.

Abraham colabora en este esfuerzo al ser uno de varios técnicos a cargo de la calidad del audio durante los conciertos. Su trabajo es crítico aunque invisible para el público.

Abraham es el responsable de que toda la comunicación inalámbrica funcione sin fallas: micrófonos, bocinas, señales de audio que viajan por el aire en un escenario donde ya no existen los cables. En la tecnología de los grandes espectáculos de hoy, esa red inalámbrica es la columna vertebral del sonido en vivo, y alguien tiene que garantizar que no falle ni un segundo frente a miles de personas.

Ese alguien es Abraham. Y su formación le permite además desarrollar otras funciones a lo largo de toda la cadena de producción de audio, lo que lo convierte en un elemento versátil dentro de un equipo altamente especializado.

El oficio de Abraham se mira muy atractivo, sobre todo porque incluye viajar constantemente, pero es un trabajo arduo con poco tiempo de descanso. El joven granadeño forma parte de los más de cien trabajadores que acompañan a Carín en la gira —desde músicos y choferes hasta los vendedores de souvenirs—, la mayoría de los cuales, alrededor de 60, son originarios de Hermosillo o de Sonora.

El equipo de audio y de luces utilizado en la gira se transporta de un lugar a otro en cinco tráilers. Abraham y demás personal viajan en varios camiones que forman parte del convoy.

El trabajo es muy demandante. Generalmente se llega a la ciudad donde se presentará el artista durante la mañana o el mediodía, y se instalan los equipos a lo largo de la tarde para tenerlos listos en el espectáculo que inicia alrededor de las 20:00 horas. Tras la presentación, generalmente en la madrugada, toca desmontar los equipos y subirlos a los tráilers para repetir lo mismo en la siguiente ciudad unas horas después.

Abraham confiesa que en realidad no se conocen las ciudades por las que se pasa. Lo que uno conoce, comenta, son las arenas o los estadios donde se presenta el cantante. También los aeropuertos y los hoteles.

La vida de gira puede parecer puro glamour: aviones, hoteles, ciudades, conciertos, luces y aplausos. Pero detrás del espectáculo hay jornadas pesadas, poco descanso y mucho trabajo, aunque también una intensa lluvia de nuevas experiencias.

"No importa el lugar de origen. Sí se puede salir, aprender, competir y destacar."

Abraham está evidenciando con su ejemplo que no importa el lugar de origen, que sí se puede salir, aprender, competir y destacar. No importa si se nació en un pueblo pequeño; lo que importa es no pensar en pequeño.

A veces el camino al mundo empieza en una preparatoria de pueblo. A veces comienza al pie de La Pirinola. Y a veces, si hay disciplina, preparación y coraje, termina detrás de los grandes escenarios, haciendo posible que la música de Sonora suene sin fronteras.

Para los jóvenes que hoy estudian en el CECyTES de Granados, o en cualquier preparatoria de la sierra sonorense, el mensaje de Abraham Durazo es tan sencillo como contundente: el lugar donde creciste no define hasta dónde puedes llegar. La Pirinola no es el límite. Es el punto de partida.